Hace apenas un año, Extremadura vivía el verano más duro de su historia reciente. Miles de hectáreas arrasadas por el fuego, municipios amenazados y cientos de Bomberos Forestales jugándose la vida para proteger a la ciudadanía, los montes y el patrimonio natural de todos los extremeños. Fueron días en los que la sociedad descubrió el verdadero valor de un colectivo que respondió, una vez más, con profesionalidad, entrega y un compromiso ejemplar.
Aquel esfuerzo tuvo un reconocimiento institucional con la concesión de la Medalla de Extremadura al operativo INFOEX. Un gesto que los Bomberos y Bomberas Forestales recibieron con orgullo porque suponía el reconocimiento de toda una sociedad. Sin embargo, un año después, ese reconocimiento continúa siendo únicamente simbólico. Las medallas llenan de orgullo, pero no pagan una hipoteca, no ayudan a conciliar la vida familiar y tampoco compensan el enorme sacrificio que exige una profesión que permanece disponible para intervenir en cualquier momento.
Desde USO Bomberos Forestales queremos recordar que detrás de cada gran incendio hay hombres y mujeres que renuncian durante meses a gran parte de su vida personal y familiar. Durante la época de peligro alto permanecen disponibles las veinticuatro horas del día durante aproximadamente la mitad de los días de la campaña, condicionando completamente su vida para poder incorporarse al servicio con apenas unos minutos de aviso. Esa disponibilidad permanente, unida al riesgo, la especialización y la responsabilidad que asumen, debería tener un reconocimiento acorde. Sin embargo, la realidad demuestra exactamente lo contrario.
Durante la campaña electoral, la hoy presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, conoció de primera mano la situación del colectivo. Tras interesarse por sus condiciones laborales y salariales, manifestó públicamente su sorpresa al comprobar las reducidas retribuciones que percibían los Bomberos Forestales y expresó su compromiso de trabajar para mejorarlas cuando llegara al Gobierno. Aquellas palabras despertaron ilusión entre muchos profesionales que, después de décadas de reivindicaciones, pensaron que por fin alguien iba a escucharles.
Hoy esa ilusión se ha transformado en decepción.
Las retribuciones de los Bomberos Forestales del INFOEX siguen estando muy lejos de reflejar la responsabilidad y el nivel de exigencia de una profesión esencial para Extremadura. Durante la campaña de peligro alto permanecen disponibles las veinticuatro horas del día durante aproximadamente la mitad de los días de ese periodo, preparados para incorporarse a cualquier emergencia con apenas unos minutos de aviso, lo que condiciona profundamente su vida personal y familiar. A pesar de ello, un Bombero Forestal sin antigüedad percibe unas retribuciones netas que apenas superan los 1.300 euros mensuales, una cantidad que prácticamente mantiene el mismo poder adquisitivo que hace dos décadas debido al efecto de la inflación. Mientras las emergencias son cada vez más complejas y las funciones del colectivo se han ampliado a inundaciones, temporales, búsquedas de personas desaparecidas y otras actuaciones de protección civil, sus salarios continúan sin reconocer adecuadamente la disponibilidad permanente, el riesgo, la especialización y la enorme responsabilidad que asumen cada día para proteger a la ciudadanía y al patrimonio natural de Extremadura.
Y los problemas no terminan en las retribuciones. Mientras la Junta inaugura nuevas infraestructuras y proyecta una imagen moderna del INFOEX, existe otra realidad que permanece lejos de los focos. Es la de muchas bases y puestos de vigilancia que continúan esperando inversiones, instalaciones dignas y mejores condiciones de trabajo para quienes pasan allí largas jornadas preparados para salir a cualquier emergencia. El INFOEX no es únicamente un centro de coordinación. El verdadero INFOEX está donde trabajan diariamente sus Bomberos Forestales, y esa realidad también merece ser conocida.
Pero probablemente el ejemplo más evidente del abandono que sufre el colectivo sea el incumplimiento reiterado de una obligación tan básica como la entrega de la uniformidad.
El V Convenio Colectivo del personal laboral de la Junta de Extremadura regula expresamente la entrega de la uniformidad y de la ropa de trabajo que corresponde a estos profesionales. No se trata de una concesión de la Administración, sino de un derecho reconocido en el propio Convenio Colectivo. Sin embargo, la Junta de Extremadura lleva años incumpliendo de forma sistemática esta obligación, obligando a numerosos Bomberos Forestales a desempeñar su trabajo sin disponer de toda la uniformidad que legalmente les corresponde.
La situación ha llegado a tal extremo que USO inició en septiembre del pasado año el procedimiento para la interposición de un conflicto colectivo con el objetivo de obligar a la Administración a cumplir el Convenio. Después de meses intentando alcanzar una solución mediante el diálogo, la Junta ha sido incapaz de resolver un problema que nunca debió existir. En estos momentos, el procedimiento se encuentra únicamente pendiente de la presentación de la correspondiente demanda ante la Sala de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura.
Resulta incomprensible que quienes arriesgan su vida para proteger nuestros montes tengan que acudir a los tribunales para reclamar algo tan básico como la uniformidad con la que deben desarrollar su trabajo.
Los Bomberos Forestales no piden privilegios. No reclaman reconocimientos especiales. Reclaman algo mucho más sencillo: que se cumpla la palabra dada, que se respeten los compromisos adquiridos y que se dignifique una profesión imprescindible para Extremadura.
Desde USO Bomberos Forestales seguimos apostando por el diálogo y por alcanzar acuerdos que permitan mejorar el operativo. Pero también advertimos de que la paciencia del colectivo tiene un límite. Los Bomberos Forestales ya no quieren más promesas, más fotografías ni más reconocimientos simbólicos. Quieren hechos.
La Medalla de Extremadura fue un reconocimiento merecido, pero el verdadero homenaje a quienes arriesgan su vida cada verano no se hace con medallas, sino cumpliendo los compromisos adquiridos, respetando sus derechos y garantizando unas condiciones laborales y salariales dignas.
Es el momento de que la Junta de Extremadura deje de mirar hacia otro lado y empiece a cumplir con quienes, cuando todo arde, nunca fallan a Extremadura.
















